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20 de octubre de 2017

Los pueblos indígenas y los nuevos modelos de salud

“Los pueblos indígenas tienen derecho a sus propias medicinas tradicionales y a mantener sus prácticas de salud [...] Las personas indígenas tienen derecho a disfrutar por igual del nivel más alto posible de salud física y mental. Los Estados tomarán las medidas que sean necesarias para lograr progresivamente la plena realización de este derecho”. (Art. 24 Declaración universal de los derechos de los pueblos indígenas)

El concepto de la salud para los pueblos indígenas va más allá de lo que significa en la cultura occidental. Trasciende las fronteras del cuerpo y se une a la tierra y a sus comunidades en el pasado, presente y futuro. La enfermedad suele estar unida al tabú, que encierra prohibiciones de daños a sí mismos, a otros o al medio. Es necesario situarse desde una posición un poco relativista y universalista para entender su cosmovisión. Cuando el acercamiento se produce desde la ciencia, aparecen dudas de que sus enfoques y prácticas sean tan solo mágicos, sin entender que para ellos son eficaces porque responden a la forma en que quieren satisfacer sus necesidades.

Los movimientos indígenas en América Latina han avanzado en las últimas décadas en la conquista de sus  derechos económicos, sociales y culturales. En países como Bolivia o Ecuador, la Constitución define al Estado como intercultural, y dentro de las organizaciones gubernamentales se han puesto en marcha estructuras y  procesos que intentan incorporar las culturas originarias en la construcción del modelo social y económico.  Sin embargo, este proceso tropieza con múltiples contradicciones que exigen de diálogo y formas inéditas de organizar los diferentes papeles del Estado. En estos países se habla de descolonizar, despatriarcalizar y desmercantilizar la salud…Pero ¿qué significa todo este discurso? Una interpretación podría ser que se pretenden dejar a un lado los modelos dominantes económicos, sociales y culturales para edificar un modelo intercultural, que tenga en cuenta las visiones de la vida de las poblaciones indígenas, minorías étnicas y afrodescendientes, así como de otros grupos que no han sido escuchados, o acallados. 

La exclusión social de los pueblos indígenas y minorías étnicas se evidencia en el acceso inequitativo a los bienes y servicios del Estado en materia de salud y educación: sus indicadores de morbilidad y mortalidad suelen duplicar o triplicar a los de la población no indígena. Las causas de esta situación son endógenas y exógenas. Es conocida la explotación de la que han sido víctimas y contra la que luchan cotidianamente, y, por otro lado, igual que en todas las culturas, algunos de sus valores, como pueden ser los que vulneran los derechos de las mujeres, han de ser modificados a través de procesos de reflexión interna y de empoderamiento de los grupos de población más vulnerables. 

Los Servicios de Salud, ¿Espacios de encuentro o desencuentro cultural?

El escaso acceso de la población indígena a los servicios de salud no solo se debe a la inexistencia de servicios y personal en sus territorios, sino también a que, aun existiendo, la población no se acerca o los rechaza. Este hecho se explica por las barreras culturales y el maltrato institucional hacia “el diferente” o “el otro”. Una barrera suele ser el desconocimiento de la lengua y las habilidades de comunicación, otras tienen que ver con la concepción particular de la enfermedad, sus causas y tratamientos, y otras tienen que ver con el desconocimiento mutuo de la organización social, el papel de los servicios sanitarios y también de la medicina tradicional. 

Convertir los servicios de salud en espacios de encuentro cultural es uno de los objetivos del Modelo Atención Integral de la Salud Familiar, Comunitaria e Intercultural MAIS-FCI implantado por el estado ecuatoriano, o el Modelo de Salud Familiar Comunitaria e Intercultural SAFCI puesto en marcha por el boliviano. En ambos casos la estrategia elegida es la Promoción de la Salud, entendida como un proceso de movilización social y política para que las comunidades incidan en los factores sociales que determinan su salud, como son las barreras culturales.   Este proceso ha llevado también a que los Ministerios de Salud incluyan en sus estructuras viceministerios, subprocesos o direcciones de medicina tradicional con el objetivo de liderar las políticas y normas que contribuyan a reconocer y revalorizar los saberes ancestrales y la complementariedad de la biomedicina y la medicina tradicional. 

El Papel de la Cooperación para el Desarrollo en la Salud Intercultural

La cooperación internacional para el desarrollo se caracteriza por estar dirigida a grupos especialmente vulnerables, de ahí que suela haber una estrecha relación con pueblos indígenas y otras minorías étnicas. La cooperación en salud no ha estado siempre regida por los enfoques de interculturalidad y derechos humanos, y esto ha provocado errores que han incidido, por ejemplo, en la perdida de conocimientos de este tipo de medicina.  

Sin embargo, en los últimos años, la cooperación ha trabajado alineándose con las políticas públicas de los países socios y ha contribuido de manera relevante al dialogo entre culturas y a la ejecución de proyectos piloto para la complementariedad entre la medicina académica y la tradicional, con el objetivo de conseguir la adecuación cultural de los servicios, y mejorar la formación de los profesionales sanitarios y los agentes de salud tradicionales.  

 

Enfermeras Para el Mundo trabaja en Bolivia y Ecuador en el componente de salud intercultural apoyando las políticas sanitarias de esos países, fortaleciendo las capacidades de sus sistemas públicos y contribuyendo a que el personal sanitario, sobretodo de enfermería, fortalezca sus competencias culturales.  


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