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19 de noviembre de 2017

El reto del agua en Ixcán, Guatemala

El derecho humano al agua sigue siendo una asignatura pendiente en Guatemala.

Beber, cocinar, lavar, regar, el agua es un recurso cotidiano imprescindible, a la vez que determinante para nuestra salud. Aunque en el día a día no nos paremos a disfrutarla ni seamos conscientes de su papel, el agua invade nuestra rutina.

Nos permite desarrollarnos y que continuemos avanzando individualmente y como sociedad. El agua es vida.

Por ello, en 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que tanto el agua potable limpia como el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. Unos años después, en 2015, se desarrollaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), siendo el sexto de ellos garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todas las personas.

Sin embargo, en Guatemala, el acceso al agua parece todavía un sueño a alcanzar. A pesar de ser un país que cuenta con agua suficiente en cantidad, lo cierto es que se ha llegado a hablar ya de “crisis de agua” y “estrés hídrico”. Esto se debe, en gran parte, a la falta de legislación al respecto de la distribución y el manejo del recurso. Guatemala y El Salvador son los únicos países de la zona que no tienen una ley de aguas. 

La situación es especialmente difícil en las comunidades rurales e indígenas de Ixcán, ubicadas al norte del departamento del Quiché. Estas poblaciones fueron unas de las que más sufrieron durante la Guerra Civil que durante casi 40 años asoló el país; en ellas se emplearon cruentas tácticas como la de “tierra arrasada” y/o el asesinato sistémico de su población, lo que obligó a huir al país vecino, México, o a esconderse en lugares recónditos de la selva. Al finalizar la guerra con la firma de la paz en 1996, muchas de estas personas regresaron y reconstruyeron sus comunidades, a día de hoy todavía aisladas y alejadas de grandes ciudades y recursos, sin acceso a agua potable e intentando cultivar en tierras hasta ahora no productivas.

La Dirección del Área de Salud del Ixcán habla de infecciones intestinales, infecciones respiratorias, anemia, parásitos internos y enfermedades de la piel como principales causas de morbilidad.

Estas enfermedades son producidas en gran medida por la carencia de la población de la zona de servicios de agua potable. De hecho, los últimos datos de este organismo público refieren tan sólo un 20% de las casas con agua potable, un 1% con sistema de drenaje, un 1% con fosa séptica, un 4% con excusado y el 94% tenía letrina o pozo ciego. A esto se une que el 92% de ningún sistema de eliminación de aguas y un 21% ni siquiera tiene un sistema eliminación de aguas excretas. Todo esto deriva en un alto número de enfermedades generadas por la falta de higiene y contaminación de aguas. Todo lo anterior, no es sino el reflejo de cómo la falta de acceso a servicios básicos de agua y saneamiento, imposibilita la adopción de conductas higiénicas, provocando enfermedades, generalmente de tipo infeccioso, gastrointestinal y dérmico. En mayor medida todavía, si a ello se unen los bajos ingresos de la población, en Quiché las cifras de 2011 hablan de una incidencia de la pobreza extrema del 20,15 y del 76,90 la pobreza total (Encovi 2011 y Mapas de pobreza rural 2011).

Enfermeras Para el Mundo tiene una larga trayectoria de trabajo en la zona con la Asociación Manabí, donde se han realizado diversas acciones y actividades centradas principalmente en la capacitación y la educación para la salud. Actualmente, buscando avanzar en esta línea para revertir las nefastas consecuencias que tiene la falta de acceso al agua y saneamiento para la población de estas comunidades, se continúa trabajando para poder llevar a cabo proyectos que permitan paliar en lo posible esta situación y cambiar la realidad para muchas de estas comunidades. Para ello, se pretende implicar a la propia población, con comités de agua específicos, y aportar recursos que supongan mejoras en las canalizaciones, recogida y gestión del agua, así como en la formación sobre hábitos de higiene y nutrición y la gestión de residuo.


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