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23 de julio de 2019

Trabajar en familia para acabar con la Violencia de Género en Bolivia

La Junta de Castilla La Mancha financia el proyecto “Reforzados los derechos de las mujeres, niños, niñas y adolescentes vulnerables a Violencia de Género y a la Violencia Intrafamiliar del municipio de El Alto”

En Bolivia 8 de cada 10 mujeres sufre algún tipo de violencia. Esta violencia suele comenzar en la infancia, sufriendo el maltrato desde una edad temprana en sus hogares, lo que les genera inseguridades, dependencia emocional, percepción de amenaza, tensión, estado de ánimo disminuido, tristeza, desconfianza, baja autoestima, pérdida de confianza de sí misma, ansiedad extrema, actitud pasiva, pensamientos suicidas, etc.

Pero los efectos de esta violencia que sufren las mujeres, no solo les repercute a ellas ya que también tiene sus consecuencias en los hijos e hijas manifestándose en agresiones entre hermanos y hermanas, pesadillas, fracaso escolar, problemas de aprendizaje, aislamiento, retraimiento, percepción negativa de los progenitores, rencor, pérdida de autoridad paterna y/o materna, miedo, desconfianza, desvalorización negativa, baja autoestima, poca estimulación psicomotriz, angustia, timidez, abandono de la casa, conformación de familias a temprana edad, noviazgos y relaciones violentas e incluso aceptar la normalización de la  violencia en cualquier relación.
Obviamente, este tipo de violencia no se queda ni afecta solo al hogar, ya que estos mismos patrones de comportamiento se reproducen en el ámbito de las relaciones sociales: escuela, comunidad, trabajo… lo que implica un círculo vicioso que perpetua la violencia contra las mujeres.  Esta violencia se origina, como ya hemos señalado, en relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres, construidas socioculturalmente y sustentadas en la creencia generalizada de la supremacía de lo masculino sobre lo femenino. La violencia hacia las mujeres es entonces una manifestación de la discriminación y, a la vez, un mecanismo de control, que impide el goce de derechos y libertades en igualdad de condiciones.

El que exista una normativa que proteja los derechos humanos de las mujeres y tenga el propósito de luchar por la erradicación de la violencia hacia ellas es un aporte muy importante para que la sociedad internalice el hecho de que existe una violencia estructural contra las mujeres, que la sociedad la ha naturalizado y que la acepta culturalmente, pero que es el momento de cambiar esa percepción, ya que atenta contra los derechos humanos de la mitad de la población. Entonces, las leyes sirven para apoyar a este propósito y su difusión es sustancial para que las mujeres, sobre todo, tengan una herramienta para denunciar sobre la violencia que viven en el día a día.

El 75% de las mujeres declara haber sufrido violencia por parte de su pareja

Estos datos coinciden con lo observado por la Fundación Levántate Mujer en sus años de trabajo, en lo que han identificado que la violencia de género y la intrafamiliar tiene sus efectos en toda la familia. En el trabajo con hombres agresores se ha visto el uso de mecanismos de defensa como minimizar los conflictos, justificarse y culpabilizar a la pareja. Asimismo, también se observó aislamiento emocional, dificultad para comunicar sus sentimientos, imagen desvalorizada, baja autoestima, actitudes y creencias machistas que influyen en la relación con su pareja, agresiones a los hijos e hijas desde el maltrato psicológico hasta el físico y poca tolerancia a la frustración lo que implica la reacción violenta contra su entorno y principalmente hacia la mujer y sus hijas e hijos. La violencia intrafamiliar presenta dificultades en la relación conyugal, pero también afecta a todas las relaciones afectivas que se crean en la familia, independientemente de su composición. Se genera una comunicación basada en la censura por parte del agresor/a y la sumisión por parte de la víctima, que impide la negociación y la expresión de emociones y sentimientos. Existe una desvalorización del otro/a, no hay roles definidos, dificultades en la crianza y educación de hijas e hijos y pérdida de autoridad por la carencia de normas y límites. Asumen relaciones violentas y en ese marco interactúan todos los miembros. Por todo ello, se identificó que es prioritaria la intervención con todos los miembros de la familia para contribuir a erradicar no solo la violencia intrafamiliar sino también la de género. 

Esto se hará gracias al apoyo de la Junta de Castilla La Mancha, con el proyecto iniciado en abril, en el que durante los próximos 12 meses se atenderá a al menos 1.000 personas que sufren o han sufrido de violencia de género y/o intrafamiliar, y sus familias, así como con los hombres generadores de esta violencia para contribuir a la disminución de la dependencia emocional dominante y sumisa que expresa la relación de poder que genera la violencia.

Para conseguir reducir la incidencia de la violencia, se trabajará en la deconstrucción de masculinidades hegemónicas y feminidades subalternas, mediante la reeducación de los hombres generadores de violencia y de las mujeres que viven en situación de violencia, poniendo énfasis en un cambio de actitud y conducta que genere relaciones no violentas.   

 

 

 


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